El valor de la experiencia: cuatro décadas de compromiso en Astilleros de Mallorca

  • 11/02/2026

El valor de la experiencia: cuatro décadas de compromiso en Astilleros de Mallorca

Fernando García es uno de esos nombres que ya forman parte de la historia viva de Astilleros de Mallorca. Actual jefe del taller de mecánica, suma ya 38 años de trayectoria en la empresa, donde ha crecido desde la base hasta convertirse en un referente absoluto, tanto dentro como fuera del astillero.

«Con 16 años entré a trabajar un par de meses en verano para ganar algo de dinero… y la cosa se complicó», bromea. Desde aquel verano de 1987 no se ha movido de aquí. Su carrera comenzó como tornero, luego pasó a ser mecánico, y desde hace años lidera el taller con una mirada técnica, humana y profundamente comprometida.
«Todo lo que sé lo he aprendido aquí. Astilleros me ha forjado como persona y como trabajador», afirma con orgullo.

Un oficio en constante evolución

Fernando ha vivido en primera persona la transformación del taller y del propio oficio:

«Antes era todo mucho más manual, más artesanal. El taller era más pequeño, más familiar. Tenía su encanto. Ahora es otro tipo de encanto: más tecnología, más gestión, más seguimiento y control de los proyectos. Menos grasa y más pantallas, por decirlo de algún modo», explica con una sonrisa.

Aun así, hay algo que no cambia: la experiencia sigue siendo clave.

«Aunque cada equipo viene con un manual complicadísimo, no hay dos barcos iguales. A veces el manual no sirve y tienes que tirar de instinto. Esa combinación de tecnología y experiencia es nuestro gran valor añadido. Aquí recibimos embarcaciones recién botadas, pero también barcos con más de 30 años. Y hay que saber tratar a cada uno como se merece».

De generación en generación

En su equipo abundan los mecánicos jóvenes. Fernando lo celebra, pero también les recuerda lo esencial:

«Si te va la marcha, el taller es tu sitio. Aquí nunca sabes lo que va a pasar mañana. Es un oficio que no para de evolucionar».

Y a los que empiezan, les lanza un mensaje claro:

«La actitud marca la diferencia. El conocimiento suma, la experiencia suma... pero la actitud multiplica. Siempre».

Él mismo lo aprendió desde joven, cuando entró en el astillero de la mano de su tío, el histórico tornero Juan Muñoz. Y aunque reconoce que no fue la náutica quien lo buscó, sino al revés, acabó encontrando su sitio. Incluso rechazó una oferta para trabajar con Caterpillar reparando motores por todo el mundo.

«Una conversación con mi madre me hizo quedarme. Muchas veces he pensado qué hubiera pasado si me hubiera ido, pero con el tiempo creo que acerté quedándome», reflexiona.

Confianza y estabilidad

A lo largo de los años, Fernando ha trabajado con capitanes y jefes de máquinas de todo tipo de embarcaciones:

«A muchos los conozco desde hace más de 30 años. Algunos eran primeros oficiales cuando llegaron y ahora son capitanes. Ellos me han visto crecer, y yo a ellos».

Uno de esos capitanes le dijo recientemente:

«Aquí tenéis algo que he visto en muy pocos sitios: trabajáis muy bien técnicamente sin olvidar de dónde venís».

Fernando lo resume así:

«Esa parte artesanal es parte de nuestra identidad. Tener una plantilla estable y un taller propio da muchísima confianza a los clientes. Saben que, si vuelven dentro de un año, probablemente el operario que hizo el trabajo seguirá aquí».

Una historia que sigue escribiéndose

Cuando se le pregunta qué es lo más valioso que se lleva de estos años, no duda:

«La gente. Siempre. He tenido la suerte de vivir varios relevos generacionales. Empecé con los veteranos que ya se jubilaban y ahora me toca adaptarme a los jóvenes. Son buenos chicos, no me puedo quejar».

Padre de dos hijos, amante de las motos, los libros de historia y el cine, Fernando responde sin dudar a la gran pregunta:

«Sí, soy feliz. Y todavía con muchas ganas de seguir».

Porque si algo define a Fernando García no es solo su impecable trayectoria técnica, sino su forma de vivir el oficio: con entrega, humildad y una actitud que, efectivamente, multiplica.

Y lo mejor de todo es que su historia en Astilleros de Mallorca aún tiene muchas páginas por escribir.